¿He vuelto?

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lake-593400_1920.jpgPues no lo sé. Cierto es que después de unos años sin escribir por aquí he vuelto a “postear” algo. Insomnio y necesidad de gritar sin hacer ruido me trajeron de vuelta.

Pero es complicado compatibilizar la vida familiar, la vida laboral y la vida social. En mi caso escribir no es una fuente de ingresos, así que… Ya veremos, si he vuelto y es para quedarme o no soy capaz de revivir los planes que tenía cuando empecé el blog.

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5 sencillos motivos por los que odio el colecho

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Hasta hace un rato era tolerante, pero esta noche acabo de decidir que odio el colecho. El motivo final, el que me trae a este blog después de tres años sin encontrar un rato para escribir, es el primero de los motivos:

1. Es un riesgo innecesario: juntar en la misma cama personas adultas y bebés es un peligro. Un tío de más de noventa kilos de peso no puede dormir junto a una criatura de siete. Es incompatible. Con la primera criatura ya me lo planteaba, es más cada vez que acababa en la cama me pasaba la noche en tensión, arrinconado en mi borde de la cama en una postura en la que pensaba que, en caso de quedarme dormido, no rodaría sobre mi retoño.

Pero ya estamos con la segunda criatura. Y las cosas se relajan de puro agotamiento. Tanto que hace un rato me he despertado con mi brazo sobre el bebé. Y no sé cuanto tiempo -entre las cuatro de la mañana que fue la última toma y las seis que ha sido cuando me he despertado- ha estado allí. Quizá soy un padre desnaturalizado, pero tengo la sensación de que las personas dormidas no controlan su cuerpo. Y que un brazo de un adulto de noventa kilos sobre un bebé es bastante peligroso: puede tapar la nariz, presionar el cuello, oprimir los pulmones…

Cuando me he despertado y he sido consciente de la situación me apetecía gritar, salir corriendo a un hospital, montar un circo tremendo… Me he conformado con comprobar que el niño respiraba y se movía al acariciarlo. La madre y la otra criatura dormían plácidamente y no era momento de hacer otra cosa. Pero la próxima vez que mi bebé aparezca por mi cama yo me voy al sofá.

2. Sexo: me encantan los diagramas de las defensoras del colecho invitando a profanar otros lugares del hogar. Pero es complicado salir de la cama. Y más en un piso pequeño con dos criaturas. No porque no tengas un sofá cómodo dónde hacerlo o por que no te ponga la cocina. Es una cuestión de tiempo y lívido. Para muchas parejas el rato de intimidad en la cama es la chispa que detona el encuentro sexual. Si lo eliminamos poniendo un bebé o dos en medio ¿qué nos queda? Jornada laboral, comprar, preparar comidas, meriendas y cenas, poner la lavadora… De verdad, mamá colechante, si no has abordado este tema con tu pareja y crees que vive feliz en la abstinencia impuesta sin más, tenéis un problema.

3. Sueño: Mis criaturas, las dos, sólo se duermen en brazos de papá si papá está de pié. Postura que papá tiene que mantener hasta que se duermen profundamente. Después -siempre que se mueva con la suficiente delicadeza y precisión- papá puede sentarse, tumbarse o intentar dejar a la criatura en la cuna o en la cama. Pero no, no hay manera de que se duerman sin más en la cama de papá y mamá. Allí están despiertas jugueteando, moviéndose, alerta a la espera de mimos, cogidas en los brazos de mamá… Es mucho más eficiente, en horas de sueño, dormirlas de pié y meterlas a la cuna, aprovechar para dormir las horas que les dure y después volver a empezar el ciclo. Es más, a medida que crecen, cuando se duermen en la cama también se mueven, arreando patadas y puñetazos sin ton ni son, con lo que interrumpen el sueño de los adultos. Conclusión: se duerme mejor cada uno en su cama o cuna según corresponda.

4. Independencia: una cosa que hay que tener clara es que desde el momento en que se corta el cordón umbilical estamos sólos en el mundo. Y hay que aceptarlo. La función de los padres es conseguir que los hijos sean independientes para que puedan ser adultos responsables. Sí recuerdo con mucho cariño los domingos por la mañana saltando en la cama de mis padres con mis hermanos, pero también el momento en que me arropaban, me daban un beso de buenas noches y me dejaban sólo en mi cama con mis pensamientos. Quizá después de algunas confesiones o una conversación sobre los acontecimientos del día… lo que fuese, pero el instante de antes de dormir era mío conmigo mismo. Si tengo a mis criaturas durmiendo en la cama de papá y mamá hasta la pubertad ¿cuando las vamos a cortar el cordón umbilical?

5. Los bebés lloran, hay que aceptarlo: tengo hambre, cambiarme el pañal, estoy despierto… no saben hablar. Y la mayoría de los padres (y madres) tampoco tenemos comunicación telepática con nuestros bebés. Está muy bien eso de que se estresan si no les atiendes, pero mientras estás ahuecando el pañal para ver si hay sorpresa, el rato que pasa desde que los coges -por mucho que estén pegaditos a ti en el colchón de la cama- hasta que los pones en posición de mamar, desde que se caen hasta que los levantas y les das un besito… es inevitable que lloren. Están atendidos y notan tu cariño. Pero lloran. Lo importante es que aprendan a conocer y gestionar su emociones. Que según crezcan dejen de llorar por todo y hablen, que sean capaces de entenderse con su entorno y manejen la frustración que también les hará llorar en ocasiones cuando sean adultos.

Está claro que las modas de la crianza son tiernas como el día de la madre y cualquiera que tenga algo que objetar es una mala persona con traumas infantiles sin resolver. Ya se encargan las editoriales de manuales de autoayuda y las blogueras profesionales de que sea así.

Lo difícil distinguir cuando algo de lo que nos proponen a los padres y las madres es para vender más o realmente tiene un valor positivo para la crianza de nuestras hijas e hijos. O cuales son los pros y contras a valorar ante alternativas positivas y válidas.

Pero el riesgo de asfixia durante el colecho es una realidad, y no me gustaría que te despertases junto a tu bebé muerto.

15 días en agosto

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El repaso del correo pendiente me lleva a este vídeo, ideal para la resaca postvacacional.

Lo malo es que, según parece, el año que viene en lugar de 15 días, puede que las vacaciones pagadas se queden en 7 días.

¿Donde vamos a ir a parar?

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Se acabaron las vacaciones.

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Vuelve septiembre y se acaban las vacaciones. Pensé que durante estos días de descanso tendría tiempo para ver los San Fermines, escribir un blog, escuchar música, twittear… pero no ha sido posible. Mi criatura demanda tiempo y atención. Y le he dado todo lo que he podido, que con la reincorporación al trabajo no va a ser lo mismo.

Lo dicho, ya estamos por aquí para bloguear, twittear y lo que sea… o no, según como nos organicemos.

Música para bebés y recién nacidos ¿o para padres consumistas?

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MY FAVOURITE MUSIC...

No soy ningún experto musical, pero he de reconocer que es una de mis aficiones favoritas. Es más, me hizo mucha ilusión que me regalasen un cd de versiones de U2 para bebés poco antes de que naciese la criatura. Y después de todos los trastos que hemos acumulado desde el que anunciamos que estábamos embarazados, el regalo de un cd de música clásica adaptada para recién nacidos también fue un gran alivio: ocupa poco, no molesta y lo puedes utilizar siempre.

Partiendo de esos regalos, y de la inquietud que surge cuando te plantean la importancia de la música para el desarrollo de tu criatura, he estado investigando sobre las distintas colecciones de música para niños que he encontrado. Donde investigando, se entiende escuchando lo que está disponible por Internet, que no es poco.

Y la verdad es que resulta bastante decepcionante: versiones instrumentales tocadas con sonidos que parecen salidos de los teclados que se regalaban a los niños y niñas que hacían la comunión en los años ochenta. Algunas adaptaciones forzadas hasta el extremo, otras suenan a tono de espera tocado con xilófono y las hay que no tienen una calidad mejor de la que se conseguía en las bandas sonoras de los juegos del spectrum. Demasiado abuso de la flauta dulce destroza cualquier canción de Aerosmith. Los que hemos escuchado la música en módulos programados por aficionados al fasttraker, nos hemos encontrado versiones de Depeche Mode o The Cure, que no distan demasiado de las que se pueden encontrar en estas recopilaciones para recién nacidos.

No puedo juzgar el valor pedagógico de estas recopilaciones de adaptaciones infantiles de música comercial, pero sí que tengo la sensación de que son un poco engañabobos. Básicamente sirven para entretener a los padres cuando están en la tienda de juguetes de la cadena que las comercializa y hacerle picar en algo que no cuesta mucho y parece un buen regalo, salvo honrosas excepciones, hasta que se escucha un par de veces. Insisto en que el cd de U2 y los de música clásica que nos habían regalado antes de empezar con la prospección del mercado, pero lo que he ido escuchando después es una mezcla entre el hilo musical del andén del cercanías y las versiones MIDI que, a principios de los noventa, se distribuían con las revistas de informática.

Lo cierto es que la música tranquiliza a los bebes y que les gusta escuchar sonidos. Incluso hay quien recomienda que le pongas la campana extractora de la cocina cuando lloran y no sabes qué les pasa. Entiendo que las complejas composiciones de la música clásica requieran de versiones adaptadas para niños, especialmente cuando lo que se busca es crear una sensación de tranquilidad que ayude conciliar el sueño o cuando se quiera estimular los mecanismos del lenguaje. Pero hacer versiones de los más vendidos de la historia para que los titulares de los derechos de esas canciones sean cada vez más ricos creo que dista bastante del objetivo original. ¿Simplificar las canciones a dos instrumentos de cuerda y viento estimula al bebé o lo atonta tanto como a los padres los anuncios de pañales de la televisión?

Así, si quieres dormir a tu criaturita a la vez que estimulas su lado cultureta no tienes más que sintonizar radio clásica, o, si prefieres que te salga con un punto friqui gafapasta, radio 3. Incluso puedes bucear por Jamendo a ver si encuentras algo tranquilo que ponerle a tus retoños. No hace falta salir a comprar la última versión de Lady Gaga para bebés, la criatura no lo va a entender y al final la cuestión es tener una melodía agradable de fondo.

Pero si de lo que se trata es de tener a unos padres agradecidos, regálales un disco de música para bebés de su grupo favorito: el rollo instrumental cansa menos que la canción con letra y, siempre que las versiones lo merezcan, se puede escuchar de fondo una y otra vez sin agotar ni a los pequeños ni a los mayores. Mejor que cualquier cacharro a pilas con ruidos estridentes y paso previo al tambor de feria que acabará con la hora de la siesta para siempre.

Mi criatura no aguanta 12 horas con el mismo pañal.

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javier

Una de las cosas que empiezas a hacer cuando te conviertes en padre es fijarte en la publicidad de pañales. En el esfuerzo cotidiano de ignorar activamente los anuncios de televisión, los relacionados con productos para bebés eran los que más desapercibidos solían pasar. Pero el instinto consumista – paternal se despierta con el primer llanto y uno empieza a estar pendiente de lo que el mercado ofrece para mejorar la calidad de vida de su criaturita vaciando, de paso, la cuenta corriente.

El caso es que me ha llamado poderosamente la atención una marca de pañales, de las más caras del mercado, que defiende su precio con testimonios de bonitas y bonitos modelos, que si han tenido en brazos un bebé fue cuando a los dieciséis años posaron de mamá en un anuncio de champú, diciendo que les compensa dejarse los cuartos en el susodicho pañal porque retiene 12 horas el pipí de sus criaturas.

En mi corta experiencia, 12 horas con el mismo pañal debe ser de las peores torturas a las que se puede someter a un bebé. No se los de los demás, pero  mi criaturita defeca, perdón caga, casi con cada toma. Esto viene siendo cada tres o cuatro horas, a lo sumo cada ocho horas si una toma nos pilla despistados. Y, ya que estamos escatológicos, aprovecho para decir que, en ocasiones, una sola puesta vale para que la mierda rebose por algún lateral mal ajustado del pañal. No me imagino la irritación que podría coger el culito de la criatura con eso allí pegado durante las otras 8 horas que se supone que tengo que dejar puesto el pañal para amortizarlo.

Quizá es que hay mucho desaprensivo suelto, quizá la marca de pañales pertenece a un grupo que también comercializa pomadas para la irritación, tal vez sea algún método espartano made in Estivil para criar niños sanos y fuertes. El caso es que paso de los pañales de marca y me voy a otros cuya relación calidad precio es estupenda porque, entre otras cosas, no se anuncian en televisión. Y como no me pagan por hacer publicidad, pues no pongo la marca, pero, la calidad no es cara.

Por cierto, me pregunto qué debe experimentar esa mamá del anuncio, que para amortizarlo necesita que el pañal dure 12 horas puesto, cuando en el proceso del cambio la criatura nos deleita con sus habilidades (fuentecita o cañoncete) nada mas colocar el pañal nuevo debajo de su cuerpecillo ¿hace como si nada y sigue poniendo el pañal sucio o lo descarta con todo el dolor para su monedero?

Y community manager también.

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Community ManagerSi decíamos que esto de ser papá implica desarrollar habilidades de brico-papá, hay otras que tampoco se pueden descuidar. Entre otras destaca la de community manager, que es como se llama al gestor de comunidades virtuales: el que sube las fotos a facebook, escribe sobre el evento en twitter… y, en general, tiene contento al cliente.

Porque nadie se cree que después de los terabytes de fotos de tus sobrinos, los hijos de tus amigos o la niña de la vecina que tienes almacenados en tu disco duro todavía no seas capaz de compartir una sola foto de tu criatura.

Y posiblemente sea así: entre estar junto a la madre en el parto, vigilar que no te cambien a la criatura en la clínica, atender a las visitas… no da tiempo a sacar la cámara y ponerse a hacer fotos.

Es más, llegas a preguntarte ¿quién quiere que la foto de su criatura? pues todo el mundo, así que si no tomas las riendas de la identidad digital del nuevo miembro de la familia pronto habrá fotos no autorizadas por todas las redes sociales.

Las mejores armas: planificación y prevención. Toma las fotos oficiales y envíalas por correo electrónico lo antes posible. Eso calmará las ansias de los fans y evitará que se pongan a compartir fotos en facebook, ya que todos las habrán visto en el correo y no tendrán esa curiosidad mal sana que lleva a alguno a compartir donde no debe la intimidad de tu criaturita. Igualmente, aplacará su necesidad de hacer fotos, a parte de las inevitables para poner de fondo en la pantalla del móvil, con lo que mantendrás en exclusiva los derechos de imagen, que nunca se sabe.

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